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lunes, 16 de julio de 2012

AMOR COMO DRAMA


  Caer desde lo alto de una montaña infinita, a un vacío creado por una hendidura que parece no tener fondo, puede ser una experiencia traumática y desoladora, pero es más traumático y desolador, saber que cada vez la cima de la montaña estaba más y más cerca, y que por satisfacer el impulso de hacerte el valiente durante una ínfima fracción de tiempo, saltaste.
  Amar para las personas que comparten siquiera un ápice de mi trastocada psique es en esencia eso, algo que parece crecer y crecer, algo que crea una ilusión en ti, algo que despierta la quintaesencia del engaño humano, la esperanza, hasta que la situación da un vuelco inesperado y todo comienza de nuevo.
  Así ya he vivido siete situaciones en siete años. Una gran amiga mía dice que los que amamos a alguien sin ser correspondidos somos parias en las historias de amor, que nadie cuenta nuestra historia, y dice en una frase lo que llevo mucho tiempo intentando expresar por medio de estas tajantes herramientas que son las palabras: "somos víctimas de una aventura unilateral". 
  Parece que el destino todavía no me permite salir de ese status quo y por ello creo que ha llegado el momento no de rendirme, sino de esperar y no buscar, esperar una oportunidad, y aferrarme a ella con todo lo que tengo. 
  He jugado varias veces, haciendo uso del autoengaño para hacerme creer que estaba enamorado. Sin embargo, ha habido tres veces, en las que mi mente ha hecho una alianza con esa extraña entidad que llevamos dentro, a la que no sabemos como denominar exactamente, pero a la que llamamos para entendernos entre nosotros "corazón". Esas tres veces, la pasión ha ido de la mano con el dolor, de manera que nunca he sabido cuál de ambos estaba destinado a ganar la batalla por mi alma.
  Tres veces en las que los sentimientos que han atravesado mi más profunda esencia han cambiado. 
  La primera fue lo que muchos denominan el gran flechazo. Fue repentina e inesperada, con una persona que nunca habría imaginado que estaba destinada a ocupar un lugar tan destacado en mi vida. Por ella lo di todo, y aunque la cosa no pareciera funcionar a mí no me importaba, por lo que seguía otorgando más y más importancia a lo que sentía. Gracias a ella maduré, gracias a ella lo sigo haciendo hoy en día, y gracias a ella, existe mi obra maestra, un libro que no sólo sirve para contar una fantasiosa historia de ciencia ficción, sino para relatar como funciona en esencia la vida, y cómo los tejemanejes del destino pueden desembocar en consecuencias inesperadas. A pesar de que el tiempo haya pasado y la distancia, no sólo física sino también emocional, haya creado una invisible frontera entre nosotros, por ella lo seguiría dando todo, porque ella, sin darse cuenta, me lo dio todo.
  La segunda vez, la situación se presentaba con un halo de incertidumbre. Nos conocíamos desde muy pequeños, y durante años, nuestras respectivas familias siempre dijeron que podríamos tener una historia juntos. Un año, tras terminar segundo de ESO, acabé creyéndolo, al descubrir que la chica a la que yo veía como superficial e infantil, podía ser mucho más de lo que me había esperado en un principio. Es la única vez en mi vida en la que sentía que cada día que no estuviera con ella era un tormento, una tortura cada vez más y más agudizada, hasta el punto de que ella llegó a ser mi única oportunidad de vivir una vida en la que no deseara morir cada día. Sin embargo esperé demasiado, y al hacerlo cometí el error de pensar que debía actuar rápido e ir al grano para evitar perder mi oportunidad, pero la impaciencia que puse en práctica me salió cara, haciendo que la historia se repitiera.
  Y ahora, ha ocurrido una tercera vez, aunque en esta ocasión, el planearlo todo como si se tratara de algo tan antiséptico y meticuloso como una operación quirúrgica, en la que existía incluso un plan B por si la primera opción fallaba, sólo ha causado que el dolor llegue hasta un estadio en el que creo haber muerto en vida. No dolor por el fracaso, sino dolor por haber perdido a la que posiblemente fuera la mejor persona que ha pasado por mi vida, alguien a quién amé sin darme cuenta, con quien entablé una confianza que muchas personas consideran inalcanzable, una confianza como la que muchos padres lucharían por tener con sus hijos. Amarla a ella no era doloroso en un principio, sino suave, inocente, y aunque yo no lo vi hasta que fue demasiado tarde, perfecto. Sin embargo, todos los esfuerzos que empleé para que nadie sospechase de que estaba orquestando un gran plan fueron los que contribuyeron a que este no funcionara. Cuando caí en la cuenta de que todo empezaba a desmoronarse, tuve miedo, y por un momento, fui cobarde al intentar salvar mi pellejo como mejor pude, y esa fue mi perdición, ya que al hacerlo, dañé la confianza que tantos años tardé en conseguir. Al caer en la cuenta de mi error, el miedo que sentía me impidió razonar, y actué siguiendo el instinto depredador que todos llevamos dentro: ataqué. Fui tajante, fui severo, fui perverso. La liberación de adrenalina que se produjo en mi organismo al escribir unas cuantas palabras de dolor inflijido habrían bastado para que un atleta olímpico saltara por encima del Empire State. Sin embargo lo peor ha sido la tortura a la que he sometido mi mente al recordar todo lo que disfrutaba sintiendo ese amor, y a todo lo que sufro sintiéndolo ahora. También se ha creado un inimaginable pesar en mi interior, ya que mi creativa mente no hace más que imaginar el que podría haber sido nuestro futuro si hubiese actuado de otra manera, en un plazo de tiempo, que apenas abarcó cuatro horas, en las que destruí todo lo que me importaba realmente, en las que mandé a tomar por culo todo lo que podría haberme hecho feliz, para no sentirme desgraciado como me siento ahora, asolado de nuevo por esa recurrente y pérfida pregunta, que lleva arrebatándome el sueño y la cordura desde hace ya demasiado tiempo: 

¿Qué hubiera pasado si...?

sábado, 14 de abril de 2012

DISYUNTIVAS


  Todo le llega a quien sabe esperar dicen algunos, mientras que otros estipulan que hay que buscar lo que quieres. Algunos dicen que la vida es dejarse llevar por el tiempo, mientras que otros dicen que es correr tras el destino. Unos dicen que existimos por una razón; otros que no hay razón para ello. Tantas son las disyuntivas dentro de nuestro propio corazón, que pueden llevar a que nos preguntemos por los ápices más miseros de nuestra vida, lo que lleva a la pregunta clave: Si somos los únicos seres que podemos preguntarnos esas cosas, ¿por qué no hacerlo? Algunos dicen que porque es una pérdida de tiempo que no nos permite disfrutar de nuestra vida, mientras que otros afirman que esa es la forma en la que los humanos debemos vivir, ya que es todo un privilegio, el hecho de que, de toda esa matemática, de toda esa nada cósmica, surjamos nosotros. El caso es que cada uno busca como llevarlo todo a su terreno, tendiendo a crear su propia realidad. Casualmente, eso se parece a la definición clínica de locura. Todos estamos locos, y a mucha honra.
-FJAG-

miércoles, 15 de febrero de 2012

LIFE´S GOOD




  Todo, nada, qué más dará al fin y al cabo. ¿Hay acaso un motivo real para vivir, para soportar todos lo días en este universo sabiendo que lo que pasará se repetirá durante todos esos días inexorablemente hasta el momento en el que nos llegue la hora? Muchas personas viven pensando continuamente que van a morir al fin y al cabo. Sin embargo, muchas otras pasan su día a día muriéndose por vivir. Nos preguntamos qué sentido hay en seguir viviendo, en seguir respirando, en seguir sintiendo emociones, en no ser lógicos, fríos y calculadores. Nos cuestionamos por qué no nos tocó vivir una vida mejor, una vida más plena, o una vida más tranquila, o una vida más animada, o una vida en la que hubiéramos estado rodeados de personas que nos dirían lo buenos que somos, que nos adularían a todas horas, que solucionarían todos nuestros problemas con un chasquido de dedos cuando lo necesitáramos. Sencillamente, querríamos nuestra vida perfecta, pero sin imperfección, dónde estaríamos. Si no sintiéramos que la vida es imperfecta en muchos aspectos tan triviales como ir de un sitio a otro en un periodo más corto de tiempo del que nos llevaría hacerlo por nuestro propio pie, muchos avances que han acabado siendo una maravilla para la vida humana, como fue la fantástica idea de Henry Ford de crear algo con cuatro ruedas y un motor llamado automóvil, no se habrían hecho realidad. La imperfección nos ha hecho evolucionar durante millones de años y cientos de milenios, durante los cuales hemos tenido tiempo de sobra para consolidarnos como especie, como cultura y sobre todo, como personas. Una vez oí a alguien que considero sabio lo siguiente:  "hijo, ¿sabes qué es un individuo haciéndose el listo? No es más que la estupidez adulterada con conocimiento"- me dijo mi padre. Me dejó impresionado, porque al par de segundos de que hubiera entrado esa frase por mis oídos y se procesara en esta masa de tejido fofo que llevo dentro del cráneo, ya entendía exactamente lo que quería decir. Por un momento caí en todas las "estupideces adulteradas con conocimiento" que había soltado a lo largo de mi vida. Un claro ejemplo lo constituían todas esas afirmaciones que yo sostenía, como un catador de vinos sostiene una copa, sobre la falta de sentido y significado en la vida, porque lo único que tenía que hacer para desmentirlas era hacerme una simple pregunta a mí mismo:
"¿Por qué quiero vivir?"
La respuesta no se hizo esperar, ya que afloró desesperadamente desde los entresijos de mi mente:
"PORQUE ME GUSTA."

domingo, 20 de noviembre de 2011

     ¿Cómo se puede definir, "sentirse bien"? Es una buena pregunta creo, porque ya que todos los seres humanos buscamos con todo lo que hacemos una sensación final de realización y felicidad, deberíamos saber en qué consiste ésta. Lamentablemente, resulta tremendamente complicado explicar esa percepción de nuestra propia emoción. Por este motivo, debemos ir hacia la mismísima base del concepto, hacia el origen de las emociones. 
     Las emociones, analizadas científicamente, son sólo programaciones predeterminadas del cerebro humano, que están ahí, para que nos esforcemos buscando una estatus inalcanzable en la vida, la perfección. Queremos ser perfectos, pero la perfección en sí no existe, porque depende de las vicisitudes de los seres humanos, y cambia conforme la vemos desde el punto de vista de cada uno de nosotros.
     Sin embargo, a todos nos gusta llegar a un estado de plenitud en algunos momentos, que se acerca a esa sensación de bienestar y perfección. De hecho hay momentos de nuestra vida, en los que podemos sentirla revolviéndose en nuestro interior. Cuando escuchamos una canción, que nos separa del mundo que conocemos, y nos lleva a otro que nos es más apacible, cuando miramos fijamente a alguien, y sentimos que podríamos perdernos en esos preciosos y expresivos ojos, hasta el punto de sentir que el tiempo se detiene a nuestro alrededor, haciéndonos ver el verdadero valor de la vida. Eso, es lo más cerca que muchos hemos estado de la perfección.
    Hace tiempo que no he experimentado esa sensación, pero me estoy preparando para ello, ya que, al igual que las extinciones masivas y catástrofes de nuestro planeta, ha pasado ya mucho tiempo desde la última, así que debe faltar poco para la próxima.

sábado, 12 de noviembre de 2011

DUALIDAD

La doble vida. Un mito según dicen, pero una realidad según mi criterio. A pesar de todas las opiniones que puedan desmentir este extraño fenómeno, yo tengo claro que es lo que a mí me pasa. No sólo una variedad de registro lingüístico dependiendo de la situación en la que yo pueda estar, sino un auténtico cambio en mi forma de ser. Entre cómo soy con mi familia cercana, y con el resto de las personas, hay un gran abismo que separa ambos conceptos. Mis padres saben cómo soy con mis amigos, pero éstos no saben cómo soy con mis padres, por suerte. Si conocieran al verdadero ser que se esconde tras esta red de mentiras y manipulaciones, cosa que pocos han logrado, dudo mucho que quisieran compartir si quiera este mundo conmigo. Soy el producto de años de ilusiones destruidas, traumas, y amores perdidos. La única escapatoria que he tenido todo este tiempo ha sido mentir a las personas a mi alrededor, y no revelar que preferiría sacar de mi camino a muchas de ellas antes que seguir respirando el mismo aire. Hay siempre dos seres, dos caras, la que mostramos al mundo, y la que aflora cuando estamos en la oscuridad, dónde nadie puede vernos.

jueves, 10 de noviembre de 2011

UN ESCENARIO, UN GRUPO, UNA MAREA DE SENSACIONES.

  Sé que resulta extraño e inhumano, contemplar cómo ciertas personas, comparten sus emociones, aspiraciones, miedos e inquietudes, sobre un escenario de madera en un simple instituto. Pero a pesar de lo inusual de esta práctica tan poco reconocida en cuanto a liberar las emociones de un ser humano, la sensación que se experimenta cuando se está dentro de una corriente de ese tipo, llega a ser tan gratificante, que las ganas de salir de ella van disminuyendo poco a poco, hasta que finalmente puede uno decir "estoy enganchado".
  ¿Si éste es mi caso? Sí, no me avergüenza en absoluto decirlo, porque cuando subo al escenario junto a esas fantásticas personas a las que tengo el orgullo de llamar compañeros, y me encuentro en el punto álgido de nuestros increíbles actos, pienso: ¿qué he estado haciendo toda mi vida? ¿por qué mi mente me ha mantenido tan ciego? ¿por qué no he estado con esta gente antes, y haciendo esto? Mi respuesta no me ha sido concedida respecto a ninguna de las preguntas que me formulo siempre, pero no importa, porque éstas siempre desaparecen al poco de haberme metido de lleno en esa fluida acción, y son sustituidas por una gran afirmación, que resuena en mi cabeza como una bomba a punto de hacer explosión: "estoy aquí, me siento realizado y satisfecho con lo que estoy haciendo, así que, deja de hacerte preguntas para sufrir, y cae en la cuenta, de que ahora tienes un motivo para vivir.

lunes, 7 de noviembre de 2011

LAS DOS PERSONAS QUE VIVEN EN MI CABEZA

  La verdad es que he sido un tanto precipitado al comenzar así, de lleno, con todas estas emociones tan impactantes y extrañas que inundan mi día a día desde hace ya algún tiempo, sin presentarme, o decir de qué va todo esto. Para empezar, digamos que soy una especie de estudiante de instituto frustrado que vive su rutina y se aburre de ella. A pesar de que busco cosas nuevas para hacer, y pensar, las únicas salidas que me quedarían para experimentar sensaciones novedosas se encaminan en dos sentidos, el amor, y salir por ahí a hacer locuras. Normalmente siempre he pensado que la primera es la mejor por razones que a la mayoría de las personas deberían parecerles obvias, pero conforme pasa el tiempo, las cosas van adoptando significados diferentes. A pesar de que muchos chicos digan que el amor es algo bastante sencillo para hacerse los machos, yo creo que en el fondo, muchos de nosotros sabemos que eso no es verdad, y que es sólo una varonil tapadera, porque si hay algo complicado de verdad en esta vida, son los sentimientos humanos, y cuando los de dos personas tienen que coexistir para que exista una relación, la cosa se tuerce por caminos sinuosos.

  Todo esto, lo suelto, porque yo he estado enamorado, un par de veces, y al igual que una ecuación de segundo grado, que tiene un número negativo dentro de su raíz cuadrada, y por tanto no tiene solución con números racionales, el amor en mi corta vida ha sido prácticamente imposible de solventar. Quiero decir que mis historias románticas siempre han estado muy lejos de acabar bien. Ellas siempre han avanzado, y han creado su vida después de haberse paseado por la mía, pero yo sigo, en cierto modo, estancado. 

  El caso es que ahora la historia se comienza a repetir. Vuelvo a estar enamorado, de otra chica, pero ocurre algo que hace esta situación diferente a las otras: puede que esta vez consiga lo que quiero. Sin embargo, la duda me asola, y me hace pensar en una cuestión vital para mí en este momento: ¿qué pasará si la pifio? ¿qué pasará si repito la historia de nuevo, por no tomarme el tema con la paciencia que se merece? La solución al problema parece obvia, que no esotra que trabajarlo despacio y de manera pausada, pero la necesidad de amarla me corroe, y me impacienta, y no sé cuánto tiempo seré capaz de controlarme a mí mismo. 

  EN ESTE MOMENTO, TENGO MIS DUDAS SOBRE SI EN MI CABEZA HABRÁ ALGUIEN MÁS APARTE DE LA PERSONA A LA QUE CONOZCO COMO "YO". 

FJAG.