Sé que resulta extraño e inhumano, contemplar cómo ciertas personas, comparten sus emociones, aspiraciones, miedos e inquietudes, sobre un escenario de madera en un simple instituto. Pero a pesar de lo inusual de esta práctica tan poco reconocida en cuanto a liberar las emociones de un ser humano, la sensación que se experimenta cuando se está dentro de una corriente de ese tipo, llega a ser tan gratificante, que las ganas de salir de ella van disminuyendo poco a poco, hasta que finalmente puede uno decir "estoy enganchado".
¿Si éste es mi caso? Sí, no me avergüenza en absoluto decirlo, porque cuando subo al escenario junto a esas fantásticas personas a las que tengo el orgullo de llamar compañeros, y me encuentro en el punto álgido de nuestros increíbles actos, pienso: ¿qué he estado haciendo toda mi vida? ¿por qué mi mente me ha mantenido tan ciego? ¿por qué no he estado con esta gente antes, y haciendo esto? Mi respuesta no me ha sido concedida respecto a ninguna de las preguntas que me formulo siempre, pero no importa, porque éstas siempre desaparecen al poco de haberme metido de lleno en esa fluida acción, y son sustituidas por una gran afirmación, que resuena en mi cabeza como una bomba a punto de hacer explosión: "estoy aquí, me siento realizado y satisfecho con lo que estoy haciendo, así que, deja de hacerte preguntas para sufrir, y cae en la cuenta, de que ahora tienes un motivo para vivir.


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