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miércoles, 15 de febrero de 2012

LIFE´S GOOD




  Todo, nada, qué más dará al fin y al cabo. ¿Hay acaso un motivo real para vivir, para soportar todos lo días en este universo sabiendo que lo que pasará se repetirá durante todos esos días inexorablemente hasta el momento en el que nos llegue la hora? Muchas personas viven pensando continuamente que van a morir al fin y al cabo. Sin embargo, muchas otras pasan su día a día muriéndose por vivir. Nos preguntamos qué sentido hay en seguir viviendo, en seguir respirando, en seguir sintiendo emociones, en no ser lógicos, fríos y calculadores. Nos cuestionamos por qué no nos tocó vivir una vida mejor, una vida más plena, o una vida más tranquila, o una vida más animada, o una vida en la que hubiéramos estado rodeados de personas que nos dirían lo buenos que somos, que nos adularían a todas horas, que solucionarían todos nuestros problemas con un chasquido de dedos cuando lo necesitáramos. Sencillamente, querríamos nuestra vida perfecta, pero sin imperfección, dónde estaríamos. Si no sintiéramos que la vida es imperfecta en muchos aspectos tan triviales como ir de un sitio a otro en un periodo más corto de tiempo del que nos llevaría hacerlo por nuestro propio pie, muchos avances que han acabado siendo una maravilla para la vida humana, como fue la fantástica idea de Henry Ford de crear algo con cuatro ruedas y un motor llamado automóvil, no se habrían hecho realidad. La imperfección nos ha hecho evolucionar durante millones de años y cientos de milenios, durante los cuales hemos tenido tiempo de sobra para consolidarnos como especie, como cultura y sobre todo, como personas. Una vez oí a alguien que considero sabio lo siguiente:  "hijo, ¿sabes qué es un individuo haciéndose el listo? No es más que la estupidez adulterada con conocimiento"- me dijo mi padre. Me dejó impresionado, porque al par de segundos de que hubiera entrado esa frase por mis oídos y se procesara en esta masa de tejido fofo que llevo dentro del cráneo, ya entendía exactamente lo que quería decir. Por un momento caí en todas las "estupideces adulteradas con conocimiento" que había soltado a lo largo de mi vida. Un claro ejemplo lo constituían todas esas afirmaciones que yo sostenía, como un catador de vinos sostiene una copa, sobre la falta de sentido y significado en la vida, porque lo único que tenía que hacer para desmentirlas era hacerme una simple pregunta a mí mismo:
"¿Por qué quiero vivir?"
La respuesta no se hizo esperar, ya que afloró desesperadamente desde los entresijos de mi mente:
"PORQUE ME GUSTA."